Medicina estética facial
Hilos tensores: qué son, para qué sirven y qué esperar
Tabla de contenidos

Los hilos tensores son un procedimiento de medicina estética que busca reposicionar de forma moderada determinados tejidos faciales y mejorar el soporte de la piel. Se introducen bajo la superficie cutánea siguiendo vectores definidos a partir de la anatomía y de las necesidades de cada rostro.

Aunque suelen asociarse a un efecto de elevación inmediato, su acción no se limita a la tracción. Algunos tipos de hilos también generan una respuesta del tejido a su alrededor que puede favorecer progresivamente la firmeza y la calidad cutánea. La importancia de cada efecto dependerá del material, el diseño del hilo, la técnica y las características de la persona tratada.

Los hilos tensores faciales pueden ser una opción en casos seleccionados de flacidez leve o moderada, pero no sustituyen a una cirugía ni son apropiados para todos los procesos de envejecimiento. Para obtener un resultado proporcionado y natural, es necesario valorar en conjunto la calidad de la piel, el volumen facial, la distribución de la grasa, el soporte óseo y el grado de descenso de los tejidos.

Qué son los hilos tensores

Los hilos tensores son filamentos médicos que se colocan en planos concretos bajo la piel mediante agujas o cánulas. Muchos de los que se utilizan actualmente están fabricados con materiales reabsorbibles y biocompatibles, es decir, materiales que el organismo degrada de forma gradual.

Dependiendo de su diseño, pueden tener una superficie lisa, pequeñas espículas, conos u otros sistemas de anclaje. Estas características determinan cómo interactúan con el tejido y qué función pueden cumplir.

De manera general, es útil diferenciar dos objetivos:

  • Hilos de soporte o estimulación: se colocan para crear una red de sostén y provocar una respuesta tisular progresiva. Su capacidad de tracción suele ser limitada.
  • Hilos de tracción: incorporan elementos que se fijan al tejido y permiten desplazarlo de forma moderada en una dirección previamente planificada.

En la práctica, ambos mecanismos pueden coexistir. Un hilo con capacidad de tracción también genera una respuesta alrededor del material, mientras que una red de hilos lisos puede aportar cierto soporte sin producir una elevación comparable a la de un hilo diseñado para anclar tejido.

Cómo funcionan los hilos tensores faciales

El efecto de los hilos tensores puede explicarse a través de dos mecanismos complementarios: uno mecánico y otro biológico.

Efecto mecánico de reposicionamiento

Los hilos que incorporan espículas, conos o estructuras de anclaje pueden sujetar el tejido y desplazarlo siguiendo un vector determinado. El objetivo no es estirar toda la piel del rostro, sino actuar de forma localizada sobre áreas en las que existe un descenso leve o moderado.

Parte del cambio puede apreciarse desde el momento de la colocación. Sin embargo, el aspecto inicial no debe considerarse todavía el resultado definitivo, ya que puede haber inflamación, tensión, pequeñas irregularidades o una corrección aparentemente mayor de la esperada durante los primeros días.

Respuesta progresiva del tejido

La presencia del hilo genera una respuesta reparadora localizada. Alrededor del material pueden producirse procesos de reorganización del tejido conjuntivo y formación de colágeno. Esta reacción es gradual y varía según el hilo empleado, el plano de colocación y la respuesta biológica de cada persona.

Por este motivo, el resultado puede evolucionar después del procedimiento. El efecto inicial está más relacionado con el soporte mecánico, mientras que los posibles cambios en firmeza y calidad cutánea requieren más tiempo.

Este mecanismo no significa que los hilos produzcan una regeneración ilimitada ni que puedan corregir cualquier grado de flacidez. La respuesta biológica tiene límites y no es idéntica en todas las personas.

Para qué sirven los hilos tensores

Los hilos tensores se utilizan principalmente para tratar cambios leves o moderados en la posición y el soporte de los tejidos faciales. Según el diagnóstico, pueden ayudar a:

  • Mejorar de forma moderada la definición del óvalo facial.
  • Recolocar tejidos que han comenzado a descender.
  • Aportar soporte en determinadas áreas del tercio medio o inferior del rostro.
  • Suavizar visualmente algunos pliegues relacionados con el descenso de los tejidos.
  • Mejorar la apariencia de una flacidez incipiente.
  • Favorecer progresivamente la firmeza y la calidad cutánea.
  • Complementar una planificación facial más amplia cuando existe una indicación médica.

No todos estos objetivos se consiguen con el mismo hilo ni mediante la misma técnica. Tampoco deben confundirse problemas distintos, como la pérdida de volumen, la actividad muscular, las arrugas superficiales o el exceso de piel. Cada uno puede requerir un abordaje diferente.

En qué zonas del rostro pueden utilizarse

Los hilos tensores faciales pueden plantearse en distintas zonas, siempre que la anatomía y la calidad del tejido permitan una colocación segura y exista una expectativa realista.

Mejillas y tercio medio

Con el paso del tiempo, algunos compartimentos grasos y tejidos de soporte pueden descender. En casos seleccionados, los hilos pueden utilizarse para proporcionar una elevación moderada en la zona de las mejillas.

Cuando existe una pérdida importante de volumen, el tratamiento exclusivo con hilos puede resultar insuficiente. Traccionar un tejido con poco soporte o con una deflación marcada no siempre mejora la armonía facial y, en algunos casos, puede acentuar determinadas transiciones.

Óvalo facial y línea mandibular

Una de las aplicaciones más conocidas es la mejora de una pérdida incipiente de definición mandibular. El tratamiento puede buscar la recolocación de tejidos del tercio inferior y una transición algo más limpia entre el rostro y el cuello.

El resultado depende del grado de flacidez, del volumen presente bajo la mandíbula, de la estructura ósea y de la calidad de la piel. Cuando hay un exceso considerable de tejido o piel, los hilos no suelen ofrecer una corrección equivalente a la de un procedimiento quirúrgico.

Pliegues de marioneta y zona perioral

Los pliegues que descienden desde las comisuras no se forman por una única causa. Pueden intervenir la pérdida de soporte, el descenso de los tejidos, la contracción muscular, la calidad de la piel y la estructura del mentón y la mandíbula.

Los hilos pueden contribuir a reducir la presión descendente en algunos casos, pero no necesariamente eliminan el pliegue. Un diagnóstico que analice todo el tercio inferior ayuda a evitar tratamientos excesivamente focalizados.

Cejas y región temporal

Determinadas técnicas pueden buscar una elevación discreta de la cola de la ceja o un cambio moderado en la región temporal. Es una zona anatómicamente delicada, por lo que la indicación, el plano y el vector deben planificarse con especial precisión.

Cuello

En pacientes seleccionados, algunos hilos pueden utilizarse para aportar soporte en una flacidez cervical leve. No obstante, el cuello puede presentar combinaciones muy diferentes de piel fina, bandas musculares, grasa localizada y pérdida de definición mandibular.

Cuando el problema predominante no es el descenso del tejido sino otro componente, la colocación de hilos puede no ser la opción principal.

Tipos de hilos tensores

No existe un único tipo de hilo tensor. Las diferencias de material, longitud, grosor, estructura y sistema de anclaje modifican su comportamiento. La elección no debería basarse exclusivamente en el nombre comercial o en la duración anunciada, sino en la función que debe cumplir en un rostro concreto.

Hilos lisos

Los hilos lisos o monofilamentos no incorporan espículas de tracción. Suelen colocarse formando líneas o entramados para generar soporte y una respuesta progresiva del tejido.

Se relacionan principalmente con objetivos de bioestimulación y mejora de la calidad cutánea. Aunque pueden contribuir a una sensación de mayor firmeza, no deben confundirse con los hilos diseñados para reposicionar tejidos.

Hilos espiculados o dentados

Estos hilos presentan pequeñas proyecciones que se fijan al tejido. Gracias a esa estructura, pueden ejercer una tracción moderada y mantener el tejido en una posición diferente.

Las espículas pueden variar en dirección, distribución y resistencia. El resultado no depende solo de cuántas tengan, sino de la calidad del anclaje, el trayecto elegido, el plano anatómico y la tensión aplicada.

Hilos con conos

Algunos sistemas utilizan pequeños conos distribuidos a lo largo del hilo. Estos elementos actúan como puntos de fijación y permiten suspender o reposicionar determinados tejidos.

Sus indicaciones, forma de colocación y comportamiento no son idénticos a los de los hilos espiculados. Por eso no es adecuado comparar todos los hilos únicamente por su material.

Hilos de polidioxanona, ácido poliláctico y policaprolactona

Entre los materiales reabsorbibles empleados en medicina estética se encuentran la polidioxanona o PDO, el ácido poliláctico o PLLA y la policaprolactona o PCL, además de combinaciones de diferentes polímeros.

Cada material presenta propiedades mecánicas y tiempos de degradación distintos. Sin embargo, la duración del material dentro del organismo no equivale necesariamente a la duración visible del resultado. También influyen:

  • El diseño y la capacidad de anclaje del hilo.
  • El número y la distribución de los hilos.
  • La zona tratada y su movilidad.
  • La calidad, el peso y el grado de descenso del tejido.
  • La técnica de colocación.
  • La evolución natural del rostro.
  • La respuesta biológica individual.

Por tanto, si hablamos de hilos tensores no puede afirmarse que un material sea siempre mejor que otro. La elección debe responder a la anatomía, al objetivo y al balance entre beneficios, limitaciones y riesgos.

hilos tensores

Quién puede ser un buen candidato para los hilos tensores

Los mejores resultados suelen buscarse en personas con flacidez leve o moderada, una calidad de piel razonable y expectativas proporcionadas. Es importante que exista tejido suficiente para realizar el anclaje, pero no un peso o un exceso cutáneo que supere la capacidad de soporte del hilo.

De manera orientativa, pueden valorarse cuando:

  • Ha comenzado a perderse la definición del óvalo facial.
  • Existe un descenso moderado de los tejidos de las mejillas.
  • Se busca una mejoría discreta, no una transformación profunda.
  • Se comprende que el resultado será temporal.
  • No se desea o no se necesita una intervención quirúrgica en ese momento.
  • El diagnóstico indica que la tracción puede mejorar la armonía del rostro.

La edad por sí sola no determina la indicación. Dos personas de la misma edad pueden presentar estructuras, calidad cutánea, distribución de volumen y grados de flacidez completamente diferentes.

Cuándo los hilos tensores pueden no ser la mejor opción

Los hilos no resuelven todos los signos del envejecimiento facial. Pueden ofrecer un resultado limitado cuando existe:

  • Flacidez avanzada o un exceso importante de piel.
  • Pérdida marcada de volumen facial.
  • Tejido pesado con escasa capacidad de soporte.
  • Daño cutáneo importante o piel extremadamente fina.
  • Expectativa de obtener un resultado comparable al de una cirugía.
  • Una preocupación estética cuya causa principal no es el descenso del tejido.

También hay situaciones médicas que pueden obligar a aplazar o descartar el procedimiento. Entre ellas se encuentran las infecciones o inflamaciones activas en la zona, determinados trastornos de coagulación, problemas de cicatrización o enfermedades no controladas.

El embarazo, la lactancia, los antecedentes médicos, las alergias, las intervenciones previas y los tratamientos farmacológicos deben comunicarse durante la consulta. Si se toman anticoagulantes, antiagregantes u otros medicamentos relevantes, nunca deben suspenderse por iniciativa propia; cualquier modificación debe ser indicada por el profesional que los haya prescrito.

Hilos tensores: ¿Cómo se realiza el tratamiento?

La colocación de hilos tensores es un procedimiento médico que requiere conocimiento anatómico y planificación. Aunque no implica las incisiones ni el despegamiento de tejidos propios de un lifting quirúrgico, sí supone introducir material bajo la piel y actuar cerca de estructuras vasculares, nerviosas y glandulares.

Valoración y planificación

Antes del procedimiento se analiza el rostro en reposo y en movimiento. El profesional valora la distribución de los volúmenes, el descenso de los tejidos, la calidad de la piel, la simetría y las proporciones faciales.

A partir de esta exploración se decide si los hilos están indicados, qué tipo puede utilizarse, cuántos podrían ser necesarios y cuáles serán los vectores de colocación. La planificación debe adaptarse a cada lado del rostro, ya que la anatomía y el envejecimiento no son perfectamente simétricos.

Preparación de la zona

La piel se limpia y se desinfecta siguiendo un protocolo médico. Después se marcan los puntos de entrada y los trayectos previstos. Habitualmente se utiliza anestesia local para reducir las molestias durante la inserción.

Inserción de los hilos tensores

Los hilos se introducen mediante agujas o cánulas y se sitúan en el plano planificado. En el caso de los hilos de tracción, el tejido se ajusta siguiendo el vector definido y se comprueba la simetría.

La técnica, la profundidad y la tensión son aspectos decisivos. Un hilo demasiado superficial puede resultar visible o palpable, mientras que una tensión excesiva puede producir pliegues, tirantez o un aspecto poco natural.

Revisión inmediata

Al finalizar, el profesional evalúa la posición de los tejidos, los puntos de entrada y la respuesta inicial. Puede realizar pequeños ajustes antes de dar por terminado el procedimiento.

La duración de la sesión depende de la zona, la técnica y el número de hilos. No debe interpretarse la rapidez del tratamiento como una ausencia de complejidad: la seguridad depende en gran medida de la valoración, del conocimiento anatómico y de la precisión técnica.

Qué se siente durante y después

Con anestesia local, es habitual notar presión, manipulación o tirantez más que dolor intenso. La experiencia puede variar según la sensibilidad personal, la zona tratada y la técnica.

Después de la colocación pueden aparecer:

  • Inflamación.
  • Hematomas.
  • Sensibilidad o dolor leve.
  • Sensación de tensión al gesticular.
  • Pequeñas irregularidades o pliegues temporales.
  • Ligera asimetría inicial.
  • Percepción del hilo en determinados movimientos.

Estas manifestaciones suelen formar parte de la respuesta inicial al procedimiento, pero su intensidad y evolución deben ser supervisadas. El hecho de que un efecto secundario sea conocido no significa que deba ignorarse si empeora, persiste más de lo esperado o se acompaña de otros síntomas.

Cuándo se ven los resultados

El efecto mecánico puede observarse al terminar la sesión, especialmente cuando se han utilizado hilos de tracción. Sin embargo, el rostro puede presentar edema, tensión o pequeñas irregularidades, por lo que el aspecto inmediato no representa el resultado asentado.

Durante las semanas posteriores, los tejidos se adaptan y la inflamación disminuye. Cuando existe un componente bioestimulador, los cambios relacionados con la reorganización del colágeno aparecen de manera progresiva.

La evolución no es idéntica en todas las personas. Algunas perciben sobre todo un cambio en el contorno, mientras que otras valoran más una sensación gradual de firmeza. El resultado también puede ser más evidente en una zona que en otra.

Cuánto duran los hilos tensores

Los hilos reabsorbibles se degradan de forma progresiva, pero no existe una duración universal aplicable a todos los tratamientos. El tiempo durante el que se mantiene una mejoría visible depende del material, del diseño, del tejido tratado, de la técnica y del proceso de envejecimiento.

También debe diferenciarse entre tres conceptos:

  • Tiempo de permanencia del material: periodo durante el que el hilo se va degradando.
  • Duración del anclaje mecánico: tiempo durante el que conserva una capacidad relevante de soporte.
  • Duración del resultado visible: periodo en el que la persona percibe una mejora estética.

Estos tiempos no tienen por qué coincidir. Un hilo puede seguir degradándose cuando parte del efecto tensor ya ha disminuido, y la respuesta del tejido puede mantenerse durante un periodo diferente.

Los resultados son temporales porque los tejidos continúan expuestos al movimiento, a la gravedad y al envejecimiento biológico. Presentar los hilos como una solución permanente generaría expectativas poco realistas.

Cuidados después de colocar hilos tensores

Las indicaciones posteriores deben personalizarse según la técnica y la zona. Como orientación general, el objetivo es evitar presiones, desplazamientos y movimientos intensos mientras los tejidos se adaptan.

El profesional puede recomendar durante un periodo determinado:

  • No manipular ni masajear la zona salvo indicación expresa.
  • Evitar una presión directa mantenida sobre el rostro.
  • Limitar el ejercicio intenso y las actividades que aumenten mucho la inflamación.
  • Evitar gestos faciales exagerados durante los primeros días.
  • Seguir cuidadosamente las pautas de higiene.
  • No aplicar tratamientos estéticos adicionales sin consultar previamente.
  • Acudir a la revisión programada.

Las recomendaciones concretas sobre sueño, deporte, alimentación, exposición al calor, maquillaje o procedimientos dentales pueden variar. Deben seguirse las instrucciones proporcionadas por el equipo médico, no protocolos genéricos encontrados en internet.

Riesgos y posibles complicaciones

La colocación de hilos tensores es menos invasiva que una cirugía facial, pero no es un tratamiento exento de riesgos. Antes del procedimiento debe explicarse tanto la evolución esperable como las posibles complicaciones.

Entre los efectos y problemas descritos se encuentran:

  • Inflamación, dolor y hematomas.
  • Asimetría.
  • Pliegues o hundimientos de la piel.
  • Hilos visibles o palpables.
  • Desplazamiento, rotura o pérdida de anclaje.
  • Salida parcial del hilo a través de la piel.
  • Infección.
  • Alteraciones transitorias de la sensibilidad.
  • Reacción inflamatoria persistente.
  • Resultado insuficiente o diferente al esperado.

Con menor frecuencia pueden producirse lesiones de estructuras anatómicas cercanas, como vasos, nervios o glándulas. Este tipo de complicación refuerza la importancia de que el procedimiento sea realizado por un profesional sanitario cualificado y con conocimiento detallado de la anatomía facial.

Debe solicitarse valoración médica si aparecen dolor intenso o creciente, inflamación que empeora, enrojecimiento marcado, secreción, fiebre, cambios de coloración de la piel, alteraciones del movimiento facial o cualquier síntoma que genere preocupación.

Hilos tensores y lifting quirúrgico no son equivalentes

En ocasiones se habla de los hilos como un “lifting sin cirugía”. Esta expresión puede llevar a pensar que ambos procedimientos ofrecen resultados comparables, pero actúan con alcances muy diferentes.

AspectoHilos tensoresLifting quirúrgico
Tipo de procedimientoMínimamente invasivo, con inserción de hilos bajo la pielIntervención quirúrgica con acceso y reposicionamiento de tejidos
Grado de correcciónModerado y dependiente de la indicaciónPuede tratar grados más avanzados de flacidez
ResultadoTemporal y generalmente discretoMás amplio y habitualmente más duradero
RecuperaciónPor lo general más breve, aunque puede haber inflamación y hematomasMás prolongada y relacionada con una cirugía
Candidato habitualFlacidez leve o moderada y expectativas realistasFlacidez moderada o avanzada, según valoración quirúrgica

Los hilos pueden ser adecuados para alguien que busca una mejoría sutil y acepta su carácter temporal. No son una alternativa equivalente cuando existe un exceso importante de piel o se desea una transformación estructural más profunda.

Hilos tensores frente a otros tratamientos faciales

El envejecimiento facial es un proceso multicapa. Puede afectar a la piel, la grasa, los ligamentos, los músculos y el soporte óseo. Por eso, diferentes tratamientos pueden responder a problemas distintos.

  • Los hilos tensores se orientan principalmente al soporte y al reposicionamiento moderado.
  • Los rellenos se utilizan para recuperar o redistribuir volumen en indicaciones concretas.
  • Los bioestimuladores buscan mejorar gradualmente determinadas propiedades de la piel y del tejido.
  • La toxina botulínica actúa sobre la contracción de músculos seleccionados.
  • Las tecnologías basadas en energía pueden utilizarse para abordar textura, firmeza u otros componentes según el equipo y la indicación.
  • La cirugía permite realizar un reposicionamiento más amplio cuando el grado de flacidez lo requiere.

No se trata de decidir qué tratamiento es mejor en términos absolutos. La cuestión es identificar qué estructuras explican el cambio que preocupa a la persona y qué intervención ofrece una relación adecuada entre beneficio, limitaciones y riesgo.

La importancia de valorar el rostro por capas

Tratar únicamente la zona donde se observa un pliegue o una pérdida de definición puede conducir a una solución incompleta. Un surco puede profundizarse por la pérdida de volumen situada más arriba; una línea mandibular menos definida puede relacionarse con tejido descendido, grasa localizada, estructura ósea o flacidez cervical.

Por ello, un enfoque de medicina estética facial multicapa analiza cómo participan las diferentes estructuras antes de plantear el tratamiento. Esta valoración permite decidir si los hilos tensores tienen una indicación real, si deben combinarse con otro abordaje o si es preferible elegir una alternativa.

La combinación de técnicas tampoco debe darse por supuesta. Más procedimientos no significan necesariamente un resultado mejor. Cada intervención debe responder a un objetivo concreto, realizarse en el momento adecuado y tener en cuenta cómo interactúa con las demás.

Cómo evitar un resultado artificial

La naturalidad no depende simplemente de utilizar pocos hilos. Depende de respetar la anatomía, evitar una tensión excesiva y reconocer los límites del procedimiento.

Para buscar un resultado armónico es importante:

  • Analizar el rostro completo y no una única arruga.
  • Elegir vectores coherentes con la anatomía.
  • No intentar corregir una pérdida de volumen únicamente mediante tracción.
  • Evitar elevar tejidos que no necesitan desplazarse.
  • Aceptar que las asimetrías naturales no siempre deben eliminarse.
  • Priorizar una mejoría proporcionada frente a un cambio forzado.

Una indicación conservadora puede ofrecer más naturalidad que una corrección intensa. También reduce el riesgo de crear transiciones poco armónicas o tensiones visibles.

Una valoración médica permite saber si están indicados

Los hilos tensores pueden ofrecer una mejora discreta del soporte y del contorno facial en personas bien seleccionadas. Sus ventajas deben valorarse junto con sus limitaciones: el resultado es temporal, la capacidad de elevación es moderada y existe la posibilidad de efectos adversos o complicaciones.

En Tellmyskin, la medicina estética facial se plantea desde un diagnóstico personalizado y una visión global del envejecimiento. Antes de recomendar hilos tensores u otro procedimiento, es necesario analizar qué estructuras están cambiando, qué resultado puede alcanzarse de forma realista y qué opción permite conservar mejor la naturalidad del rostro.

Una valoración médica individual ayuda a determinar si los hilos tensores son adecuados, qué tipo podría utilizarse y cómo integrarlos, cuando sea necesario, dentro de un plan facial más amplio.

Preguntas frecuentes

¿Los hilos tensores eliminan la flacidez?

Pueden mejorar de forma moderada una flacidez leve o incipiente, pero no eliminan cualquier grado de descolgamiento. Cuando existe un exceso importante de piel o un descenso avanzado, su capacidad de corrección es limitada.

¿Los hilos tensores estimulan el colágeno?

La introducción de materiales reabsorbibles genera una respuesta localizada del tejido que puede incluir formación y reorganización de colágeno. La magnitud de ese efecto varía según el material, la técnica y la respuesta individual.

¿Los resultados son inmediatos?

El efecto de tracción puede apreciarse desde el primer momento, pero la inflamación y la tensión iniciales pueden alterar el aspecto. El resultado se valora mejor cuando los tejidos se han adaptado y los efectos iniciales han disminuido.

¿La colocación de hilos tensores duele?

Habitualmente se utiliza anestesia local. Durante la sesión puede notarse presión, manipulación o tirantez. Después es posible experimentar sensibilidad o molestias temporales. La intensidad varía entre personas y técnicas.

¿Pueden notarse al tocar la piel?

En algunos casos puede percibirse el recorrido o algún punto del hilo durante la fase inicial. Una colocación demasiado superficial también puede hacer que resulte visible o palpable. Si la sensación persiste o se acompaña de dolor o alteraciones cutáneas, debe revisarla el profesional.

¿Cuántos hilos son necesarios?

No existe una cantidad estándar. Depende del tipo de hilo, del área, del peso del tejido, de los vectores y del objetivo. Utilizar más hilos no garantiza un resultado mejor y puede aumentar la manipulación del tejido.

¿Pueden combinarse con otros tratamientos?

En ocasiones forman parte de una planificación más amplia, pero la combinación, el orden y los intervalos deben decidirse de forma individual. No todos los procedimientos son convenientes al mismo tiempo ni actúan sobre la misma estructura.

¿Qué ocurre cuando el hilo se reabsorbe?

El material se degrada progresivamente. El soporte mecánico disminuye y el rostro continúa su evolución natural. Puede persistir durante un tiempo parte de la respuesta tisular generada, pero el resultado no debe considerarse permanente.

¿Es posible retirar un hilo tensor?

En determinadas complicaciones puede ser necesario ajustar o retirar un hilo, pero la facilidad del procedimiento depende del material, el tiempo transcurrido, la localización y la integración con los tejidos. La decisión debe tomarla un profesional con experiencia en el manejo de estas situaciones.

¿A qué edad se recomiendan?

No hay una edad universal. La indicación depende del grado de flacidez, la anatomía, la calidad cutánea, el estado de salud y las expectativas. La valoración del rostro es más relevante que el número de años.

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