Dermatología regenerativa
Fotoenvejecimiento: qué es y cómo prevenir el daño solar acumulado
Tabla de contenidos

El fotoenvejecimiento es el conjunto de cambios que aparecen en la piel como consecuencia de la exposición repetida a la radiación solar y a otras fuentes de radiación ultravioleta. No se produce únicamente después de una quemadura intensa ni afecta solo a quienes toman el sol de forma habitual. Es un proceso acumulativo en el que también influyen las exposiciones cotidianas: caminar al aire libre, practicar deporte, trabajar en exteriores o pasar tiempo en una terraza sin una protección adecuada.

Con los años, ese daño puede manifestarse mediante manchas, arrugas, pérdida de elasticidad, textura áspera, tono irregular o pequeños vasos visibles. Sin embargo, no todas las alteraciones que aparecen en una zona expuesta al sol son meramente estéticas. Algunas lesiones necesitan una valoración dermatológica para determinar su naturaleza y descartar cambios precancerosos o cáncer de piel.

Aunque parte del daño acumulado no puede eliminarse por completo, adoptar una estrategia de fotoprotección ayuda a reducir nuevas lesiones y a frenar la progresión del envejecimiento solar. Cuando los signos ya son visibles, el diagnóstico permite diferenciar qué cambios pueden tratarse y qué procedimiento resulta adecuado para cada piel.

¿Qué es el fotoenvejecimiento de la piel?

La piel envejece por la combinación de factores internos y externos. Los primeros forman parte del paso natural del tiempo y están relacionados con la genética, los cambios hormonales, el metabolismo y la disminución progresiva de algunos procesos de reparación. Los factores externos incluyen la radiación ultravioleta, el tabaco, la contaminación y determinados hábitos de vida.

Se denomina fotoenvejecimiento al envejecimiento cutáneo prematuro provocado principalmente por la exposición crónica a la radiación ultravioleta. Esta radiación altera distintas estructuras de la epidermis y la dermis, puede dañar el ADN celular y favorece procesos oxidativos e inflamatorios que afectan al colágeno, la elastina y la pigmentación.

No todas las personas desarrollan los mismos signos ni lo hacen con la misma intensidad. El resultado depende de la cantidad de radiación recibida a lo largo de la vida, el fototipo, la edad, los hábitos de protección, la actividad profesional, la ubicación geográfica y la capacidad individual de reparación de la piel.

Por eso, dos personas de una edad similar pueden presentar un aspecto cutáneo muy diferente. Una piel poco expuesta suele mostrar un envejecimiento más uniforme y fino, mientras que las áreas sometidas de manera repetida al sol pueden desarrollar cambios más profundos de pigmentación, textura y elasticidad.

Diferencias entre el envejecimiento cronológico y el fotoenvejecimiento

El envejecimiento cronológico afecta a toda la piel y avanza de manera gradual. Puede producir sequedad, adelgazamiento, disminución de la elasticidad y arrugas finas. Estos cambios forman parte de la evolución biológica, aunque su intensidad varía entre personas.

El fotoenvejecimiento se concentra principalmente en las zonas que han recibido más radiación. Suele generar una combinación diferente de signos:

  • Manchas de tonalidad desigual.
  • Arrugas más marcadas o profundas.
  • Textura áspera y engrosada en algunas áreas.
  • Pérdida de firmeza y elasticidad.
  • Poros más visibles.
  • Enrojecimiento y pequeños vasos superficiales.
  • Aspecto apagado o tono poco uniforme.
  • Lesiones queratósicas o descamativas que requieren valoración.

Ambos procesos pueden coexistir. No siempre es posible atribuir una arruga, una mancha o una pérdida de firmeza a una única causa. La radiación solar interactúa con la edad, la genética, los cambios hormonales y otros factores, por lo que el diagnóstico debe valorar la piel de forma global.

Cómo produce el sol un daño acumulativo

La radiación ultravioleta no puede verse ni sentirse. La ausencia de calor, enrojecimiento o quemadura no significa que la piel no haya recibido radiación. La exposición repetida puede producir alteraciones celulares incluso cuando no genera una reacción inmediata visible.

Las radiaciones UVA y UVB participan en el fotoenvejecimiento, aunque no actúan exactamente del mismo modo.

Radiación UVA

La radiación UVA penetra en capas más profundas de la piel y está presente durante gran parte del día. Favorece la formación de especies reactivas, altera las fibras de soporte de la dermis e interviene en la aparición de arrugas, pérdida de elasticidad y pigmentación irregular.

Su efecto puede pasar inadvertido porque no siempre provoca una quemadura inmediata. Esta es una de las razones por las que el fotoenvejecimiento avanza lentamente antes de hacerse visible.

Radiación UVB

La radiación UVB actúa de manera más intensa sobre las capas superficiales. Es una de las principales responsables del eritema y de las quemaduras solares, aunque también contribuye al daño del ADN, al envejecimiento prematuro y al riesgo de cáncer de piel.

Su intensidad varía según la estación, la hora, la altitud, la latitud, la nubosidad y la capacidad de reflexión de superficies como la nieve, el agua o la arena.

El daño no desaparece cuando termina el verano

Una piel bronceada puede recuperar progresivamente su color habitual, pero eso no significa que todas las alteraciones generadas durante la exposición hayan desaparecido. Los mecanismos celulares intentan reparar el daño, aunque esa reparación no siempre es completa.

Cuando las exposiciones se repiten, pueden acumularse modificaciones en las células y en la matriz que sostiene la piel. Con el tiempo, esa huella se hace visible en forma de manchas, arrugas, flacidez o textura irregular.

La prevención, por tanto, no debería concentrarse únicamente en las vacaciones. La fotoprotección diaria es especialmente relevante en el rostro, las orejas, el cuello, el escote, las manos y otras zonas que permanecen descubiertas de manera habitual.

Cuáles son los principales signos del fotoenvejecimiento

El fotoenvejecimiento no se presenta de una única forma. Puede afectar simultáneamente al pigmento, la textura, los vasos sanguíneos y la capacidad de la piel para mantenerse firme.

Manchas y tono irregular

La exposición solar puede favorecer la aparición de léntigos solares y otras alteraciones de la pigmentación. Suelen observarse como manchas marrones de diferente tamaño en áreas expuestas, especialmente el rostro, el escote y el dorso de las manos.

No toda mancha es un léntigo ni todas deben tratarse de la misma manera. El melasma, la hiperpigmentación postinflamatoria, los lunares y algunas lesiones dermatológicas pueden parecerse a simple vista. Aplicar despigmentantes o realizar un tratamiento tecnológico sin diagnóstico puede ser ineficaz o inadecuado.

Arrugas y pérdida de elasticidad

La degradación y la organización anómala de las fibras de colágeno y elastina reducen la capacidad de la piel para recuperar su forma. Como resultado, pueden aparecer líneas finas, arrugas más profundas y una pérdida gradual de firmeza.

Estas alteraciones suelen ser especialmente visibles alrededor de los ojos y la boca, en la frente, las mejillas, el cuello y el escote. La gesticulación, la estructura facial y la pérdida de volumen también influyen, por lo que no todas las arrugas se explican únicamente por el sol.

Textura áspera y poros visibles

El daño solar altera la renovación de la epidermis y puede provocar una superficie menos uniforme. La piel puede sentirse rugosa, mostrar descamación o presentar poros más evidentes.

En ocasiones aparecen áreas persistentemente ásperas que no mejoran con la hidratación. Estas lesiones deben ser examinadas, especialmente si crecen, sangran, forman costras o cambian de aspecto.

Enrojecimiento y vasos superficiales

La exposición acumulada también puede modificar la microcirculación y favorecer la aparición de telangiectasias, enrojecimiento persistente o una mezcla de manchas rojizas y marrones.

La rosácea y otras enfermedades inflamatorias pueden producir signos similares. Diferenciar el componente vascular del pigmentario o inflamatorio permite elegir mejor el tratamiento y evitar procedimientos que agraven la sensibilidad.

Pérdida de luminosidad

Cuando la superficie deja de renovarse de forma homogénea, el tono puede parecer apagado. Esta falta de luminosidad no es un diagnóstico y puede estar relacionada con múltiples factores: deshidratación, pigmentación irregular, inflamación, acumulación de células superficiales o alteraciones en la barrera cutánea.

Qué zonas suelen mostrar antes el daño solar

El fotoenvejecimiento se aprecia con mayor frecuencia en las zonas expuestas de forma reiterada:

  • Rostro.
  • Orejas.
  • Cuello y nuca.
  • Escote.
  • Dorso de las manos.
  • Antebrazos.
  • Cuero cabelludo cuando existe poca densidad capilar.

Es frecuente proteger el rostro y olvidar otras áreas. El escote, las orejas o las manos pueden recibir radiación durante años sin que se les aplique la misma fotoprotección. Incorporarlas a la rutina ayuda a mantener una prevención más coherente.

Factores que aumentan el fotoenvejecimiento

La radiación acumulada es el factor principal, pero existen circunstancias que pueden incrementar la exposición o reducir la capacidad de la piel para responder.

  • Trabajar o practicar deporte al aire libre: aumenta el número de horas de exposición, incluso cuando no existe intención de tomar el sol.
  • No reaplicar el fotoprotector: el sudor, el agua, el roce y el paso del tiempo reducen la protección real.
  • Utilizar cabinas de bronceado: las fuentes artificiales de radiación ultravioleta también dañan la piel.
  • Haber sufrido quemaduras solares: especialmente cuando han sido intensas o repetidas.
  • Tener un fototipo claro: una menor cantidad de melanina natural ofrece menos protección frente a determinados efectos de la radiación.
  • Tomar medicamentos fotosensibilizantes: algunos fármacos pueden aumentar la reacción frente al sol.
  • Exponer una piel inflamada o sensibilizada: puede favorecer irritación y cambios pigmentarios.
  • Fumar: el tabaco añade estrés oxidativo y se asocia a un deterioro más rápido de la calidad cutánea.

Las pieles oscuras también pueden sufrir fotoenvejecimiento y cáncer cutáneo. Aunque algunos signos aparecen de forma diferente y la melanina aporta cierta protección natural, no elimina los riesgos asociados a la radiación.

Cómo prevenir el fotoenvejecimiento

La prevención eficaz no consiste únicamente en aplicar una crema por la mañana. La estrategia más sólida combina cambios en la exposición, barreras físicas y un fotoprotector adecuado.

Consultar el índice ultravioleta

El índice ultravioleta indica la intensidad prevista de la radiación en un lugar y momento concretos. La Organización Mundial de la Salud recomienda adoptar medidas de protección cuando el índice es igual o superior a 3.

Consultar este dato ayuda a planificar actividades al aire libre, especialmente en verano, en zonas de montaña, en la nieve o durante jornadas prolongadas fuera de casa. Un día fresco o nublado también puede presentar un índice elevado.

Buscar sombra y adaptar los horarios

Reducir la exposición directa durante las horas de mayor radiación disminuye la dosis recibida. La sombra no bloquea toda la radiación, ya que parte puede llegar de forma indirecta o reflejada, pero constituye una barrera adicional.

Cuando sea posible, conviene adaptar el horario de actividades deportivas, paseos o trabajos exteriores. Esta medida resulta especialmente importante para niños, personas con antecedentes de cáncer cutáneo, pieles muy claras y pacientes que toman medicamentos fotosensibilizantes.

Utilizar ropa, sombrero y gafas

La ropa es una forma de fotoprotección que no depende de la reaplicación. Los tejidos tupidos, las mangas largas y las prendas con factor de protección ultravioleta pueden ser útiles cuando se prevé una exposición prolongada.

Un sombrero de ala ancha protege mejor que una gorra porque cubre también las orejas, los laterales del rostro y parte del cuello. Las gafas homologadas ayudan a proteger los ojos y la piel periocular.

Elegir un fotoprotector de amplio espectro

Para la exposición cotidiana se recomienda un protector de amplio espectro que cubra frente a radiación UVA y UVB, con un factor de protección solar de 30 o superior. Cuando exista sudoración, baño o actividad física, conviene elegir una fórmula resistente al agua.

El mejor fotoprotector no es necesariamente el que tiene una textura más sofisticada, sino aquel que se adapta a la piel y puede utilizarse de forma constante. Una persona con acné, rosácea, melasma, dermatitis o piel sensible puede necesitar una formulación específica.

Aplicar una cantidad suficiente

Usar muy poco producto reduce la protección alcanzada respecto a la indicada en el envase. Debe distribuirse de manera uniforme sobre toda la piel expuesta, sin olvidar orejas, cuello, escote, labios, entradas del cabello y dorso de las manos.

Cuando se utilizan maquillaje o productos hidratantes con factor de protección, es importante valorar si se aplica una cantidad suficiente y si la protección cubre realmente todas las áreas expuestas. En muchas ocasiones, el maquillaje con SPF se utiliza en una capa demasiado fina para sustituir al fotoprotector.

Reaplicar cuando sea necesario

En actividades al aire libre, el protector debe reaplicarse aproximadamente cada dos horas y después de bañarse, sudar intensamente o secarse con una toalla. Un factor elevado no mantiene la protección durante todo el día ni permite prolongar la exposición sin renovar el producto.

En una jornada principalmente interior, la necesidad de reaplicación puede depender del tiempo real de exposición, las salidas al exterior, la ubicación y las características de la piel. La rutina debe ser práctica, pero también coherente con el nivel de riesgo.

Evitar las cabinas de bronceado

El bronceado artificial no prepara la piel de forma segura para el verano. Las cabinas emiten radiación ultravioleta y contribuyen al envejecimiento prematuro y al riesgo de cáncer cutáneo.

El hecho de que no se produzca una quemadura visible no convierte una sesión en inocua. El bronceado es una respuesta de la piel frente a la radiación recibida.

Fotoprotección diaria: una rutina práctica

La protección debe poder mantenerse en la vida real. Una rutina excesivamente compleja suele abandonarse, mientras que unos pasos sencillos y constantes pueden reducir de forma significativa la exposición acumulada.

  1. Consultar el índice ultravioleta cuando se prevean actividades exteriores.
  2. Aplicar por la mañana un fotoprotector adecuado en las zonas descubiertas.
  3. Llevar sombrero, gafas o ropa protectora si la exposición va a ser prolongada.
  4. Buscar sombra y evitar las horas de mayor intensidad cuando sea posible.
  5. Reaplicar el producto durante la jornada al aire libre.
  6. Revisar el cuello, las orejas, las manos y otras áreas que suelen olvidarse.
  7. No utilizar la crema solar para permanecer más tiempo expuesto.

La protección debe mantenerse también durante actividades que no suelen percibirse como “tomar el sol”: pasear al perro, conducir con frecuencia, comer en una terraza, correr, esquiar o realizar tareas de jardinería.

¿Los antioxidantes previenen el daño solar?

Los antioxidantes tópicos pueden complementar una rutina destinada a mejorar la calidad de la piel y reducir parte del estrés oxidativo. Entre los activos utilizados se encuentran diferentes derivados de la vitamina C, la vitamina E y otros compuestos antioxidantes.

Su eficacia depende de la formulación, la concentración, la estabilidad del producto y la tolerancia de la piel. No todos los cosméticos que se presentan como antioxidantes cuentan con la misma evidencia ni alcanzan las capas cutáneas de la misma forma.

Estos productos no sustituyen a la sombra, la ropa ni el protector solar. Deben entenderse como un apoyo dentro de una estrategia más amplia.

Qué papel tienen los retinoides y otros cosméticos

Los retinoides tópicos son algunos de los activos más estudiados para mejorar signos de fotoenvejecimiento como las arrugas finas, la textura y determinadas alteraciones de la pigmentación. Sin embargo, pueden causar irritación, descamación o sensibilidad y no son adecuados en todas las situaciones.

Los productos de prescripción deben emplearse bajo indicación médica. Incluso los retinoides cosméticos requieren una introducción progresiva y una fotoprotección constante. Utilizar una concentración elevada desde el inicio no garantiza mejores resultados y puede dañar la barrera cutánea.

Los hidratantes, por su parte, ayudan a mantener la barrera y pueden suavizar temporalmente el aspecto de las líneas provocadas por la sequedad. No eliminan el daño solar profundo, pero mejoran la tolerancia de la piel y forman parte de un cuidado adecuado.

Otros activos, como algunos hidroxiácidos, despigmentantes o reguladores de la pigmentación, pueden resultar útiles según el diagnóstico. Combinar varios ingredientes irritantes sin supervisión puede provocar inflamación y favorecer manchas, especialmente en pieles sensibles o con tendencia a hiperpigmentarse.

¿Se puede revertir el fotoenvejecimiento?

La fotoprotección no borra el daño ya acumulado, pero ayuda a evitar que siga aumentando. Algunos signos visibles pueden mejorar con tratamientos tópicos, procedimientos médicos y tecnologías dermatológicas, aunque el resultado depende del tipo y la profundidad de la alteración.

Una mancha superficial, una cicatriz, una arruga profunda y una lesión precancerosa no requieren la misma intervención. Por este motivo, no existe un tratamiento único para “reparar el daño solar”.

El plan puede incluir:

  • Cosmética médica adaptada a la piel.
  • Retinoides u otros tratamientos tópicos.
  • Peelings médicos.
  • Tecnologías dirigidas al pigmento o al componente vascular.
  • Láseres fraccionados para renovar la superficie.
  • Terapia fotodinámica en indicaciones médicas concretas.
  • Tratamientos regenerativos orientados a la calidad cutánea.

Antes de tratar una lesión pigmentada es necesario identificarla. El objetivo no debería ser eliminar una mancha sin saber qué es, sino establecer un diagnóstico y decidir si necesita tratamiento, vigilancia o estudio adicional.

Láser CO₂ para tratar signos de fotoenvejecimiento

El láser CO₂ fraccionado es una de las tecnologías que pueden utilizarse para mejorar determinados signos de envejecimiento solar. Crea pequeñas columnas de ablación controlada en la piel y activa un proceso de renovación epidérmica y remodelación dérmica.

Puede valorarse cuando predominan:

  • Arrugas finas o moderadas.
  • Textura áspera.
  • Poros visibles.
  • Alteraciones del relieve.
  • Determinados cambios pigmentarios asociados al fotoenvejecimiento.
  • Pérdida general de calidad cutánea.

No todas las manchas responden al láser CO₂ ni todas las pieles pueden tratarse con la misma intensidad. El fototipo, la tendencia a desarrollar hiperpigmentación, la exposición solar reciente, los antecedentes de herpes y la capacidad para cumplir los cuidados posteriores influyen en la indicación.

La recuperación depende de los parámetros seleccionados y de la extensión tratada. Una mayor intensidad puede producir una reacción más visible y no debe confundirse con una garantía de mejor resultado.

Medicina regenerativa y calidad de la piel

El fotoenvejecimiento afecta a varias capas y procesos biológicos. Por eso, en determinados casos puede abordarse combinando la corrección de signos visibles con estrategias destinadas a mejorar la calidad, la hidratación, la densidad y la capacidad de reparación de la piel.

La medicina regenerativa no debe presentarse como una forma de rejuvenecer ilimitadamente ni de revertir todo el daño celular. Reúne procedimientos diferentes y cada uno tiene indicaciones, limitaciones y niveles de evidencia específicos.

Según la valoración, pueden considerarse tratamientos que estimulan una respuesta reparadora o que aportan señales biológicas al tejido. Su función puede ser complementaria a los láseres, los tratamientos tópicos o las medidas preventivas.

En Tellmyskin, el enfoque de medicina regenerativa y longevidad saludable parte de una evaluación individual de la piel y de los factores que pueden influir en su envejecimiento. El objetivo es diseñar una estrategia proporcionada, sin aplicar el mismo protocolo a todas las personas.

¿Por qué no todos los daños solares se tratan igual?

Una piel fotoenvejecida puede presentar varias alteraciones simultáneas. Por ejemplo, es posible que convivan léntigos, vasos superficiales, arrugas, flacidez y queratosis actínicas. Cada componente puede requerir una herramienta diferente.

Alteración predominanteValoración necesariaOpciones que pueden considerarse
Manchas marronesDiferenciar léntigos, melasma, lunares y otras lesionesTratamientos tópicos, peelings o tecnologías pigmentarias
Enrojecimiento y vasosDeterminar si existe rosácea u otra alteración vascularTecnologías vasculares y control de la inflamación
Arrugas y textura ásperaEvaluar profundidad, fototipo y calidad de la barreraRetinoides, peelings o láser fraccionado
Pérdida de firmezaIdentificar si el problema está en la piel o en planos más profundosTecnologías de remodelación y tratamientos combinados
Lesiones descamativas persistentesDescartar queratosis actínicas u otras lesiones dermatológicasTratamiento médico específico según diagnóstico

Tratar únicamente la alteración que más molesta puede dejar sin abordar otros signos relevantes. Una valoración global permite establecer prioridades, decidir qué debe tratarse primero y evitar combinaciones innecesarias.

Fotoenvejecimiento

Cuándo conviene consultar con dermatología

La consulta no debería limitarse a quienes buscan un tratamiento estético. El daño solar acumulado también puede producir lesiones que necesitan seguimiento médico.

Conviene solicitar una valoración cuando aparezca:

  • Una mancha nueva o que cambia de forma, color o tamaño.
  • Una lesión que sangra, forma costra o no cicatriza.
  • Una zona áspera o descamativa que persiste.
  • Un lunar diferente al resto o que evoluciona.
  • Picor, dolor o inflamación sin una causa clara.
  • Un daño solar extenso después de años de exposición.
  • Antecedentes personales o familiares de cáncer cutáneo.

Estas señales no significan necesariamente que exista una enfermedad grave, pero justifican una exploración profesional. La dermatoscopia y otras herramientas diagnósticas permiten observar características que no pueden evaluarse mediante una fotografía o una autoexploración.

Prevenir hoy sigue siendo útil aunque el daño ya sea visible

El fotoenvejecimiento es el resultado de años de exposición, pero nunca es tarde para reducir la cantidad de radiación que recibe la piel. La fotoprotección constante ayuda a evitar nuevo daño, mejora la respuesta a los tratamientos y disminuye el riesgo de que aparezcan determinadas lesiones cutáneas.

Cuando ya existen manchas, arrugas, textura áspera o pérdida de firmeza, el primer paso no debería ser elegir un láser o un cosmético concreto. Es necesario identificar qué cambios corresponden al fotoenvejecimiento, cuáles forman parte del envejecimiento natural y si existe alguna lesión que requiera atención médica.

En Tellmyskin puedes solicitar una valoración personalizada para analizar el estado de tu piel, revisar el daño solar acumulado y diseñar una estrategia que combine prevención, dermatología, tecnología y regeneración según tus necesidades.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad empieza el fotoenvejecimiento?

El daño puede comenzar desde las primeras exposiciones, aunque los cambios visibles suelen aparecer más tarde. No existe una edad fija porque influyen el fototipo, la cantidad de radiación recibida y los hábitos de protección.

¿El fotoenvejecimiento afecta solo al rostro?

No. También aparece con frecuencia en el cuello, el escote, las orejas, las manos, los antebrazos y el cuero cabelludo expuesto.

¿Las pieles oscuras necesitan fotoprotección?

Sí. La melanina aporta cierta protección natural, pero no evita el daño solar, la pigmentación irregular ni el cáncer cutáneo. La estrategia debe adaptarse al fototipo y a la tendencia individual a desarrollar manchas.

¿El protector solar evita por completo las arrugas?

No. Las arrugas también están relacionadas con la edad, la gesticulación, la genética, los cambios hormonales y la estructura facial. La fotoprotección reduce uno de los principales factores externos de envejecimiento, pero no detiene todos los procesos biológicos.

¿Es necesario utilizar fotoprotector en invierno?

La radiación ultravioleta está presente durante todo el año. La necesidad concreta depende del índice ultravioleta, el tiempo al aire libre, la altitud, la actividad y las características de la piel. Las zonas expuestas de forma cotidiana se benefician de una protección regular.

¿Un SPF 50 dura más que un SPF 30?

No necesariamente. El número indica principalmente el nivel de protección frente a la radiación UVB cuando el producto se aplica correctamente. Ambos necesitan reaplicarse durante una exposición prolongada, especialmente después de sudar, bañarse o secarse.

¿Se puede tratar el fotoenvejecimiento en verano?

Depende del procedimiento, el fototipo, la exposición prevista y la capacidad para mantener una protección rigurosa. Algunos tratamientos pueden requerir evitar el sol antes y después, por lo que la época debe planificarse de forma individual.

¿El daño solar puede eliminarse por completo?

No siempre. Algunos signos pueden mejorar, pero parte de las alteraciones celulares acumuladas no es reversible. La combinación de prevención, seguimiento dermatológico y tratamientos bien indicados ayuda a proteger la salud cutánea y mejorar su aspecto.

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